La playa de Oliva se extiende entre Gandía y Dénia como una línea fina y dorada, sin edificios que la comprimen contra el horizonte. Es uno de los últimos tramos de arena virgen de la Comunidad Valenciana y, posiblemente, la razón silenciosa por la que tantos huéspedes vuelven temporada tras temporada.
A diferencia de otros destinos mediterráneos, aquí no hay paseos marítimos atestados ni hileras de hamacas de colores. Lo que hay es una duna viva protegida como Lugar de Interés Comunitario, colonias de aves migratorias, y una cadena de restaurantes y chiringuitos que salpican la línea de costa sin invadirla.
Desde Oliva Suites, la playa está a ochenta metros. Se escucha desde la habitación si abres la ventana.

